|
Cuando vuelves
a casa después de una experiencia como la vivida en el Almanzor,
empiezas hacerte preguntas como;
¿Por qué fuimos hasta allí? Cuando todo indicada que no debíamos
ir.
O ¿Por qué no me arrepiento de haber ido? aunque no hallamos
hecho cumbre.
Probablemente por la misma razón, por la que volveríamos hasta
allí, sin dudarlo un instante, por el espíritu de aventura.
Espíritu que nos arrastro hasta perdernos en la ventisca, pero
que también nos saco de ella, para darnos una lección de
humildad que no olvidaremos jamás.
Así pues al contrario de lo que algunos podrían pensar, no
regresamos a casa con las manos vacías, si no que en ellas
llevamos un tesoro que nadie nos podrá arrebatar, ya que el
recuerdo de los momentos vividos permanecerá para siempre en
nuestra memoria.
|