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Acababa
de volver a casa de correr la maratón de Praga, y aún disponía
de unos pocos días libres de aquel Mayo del 2002 y había que
aprovecharlos ya que no volvería a disfrutar de vacaciones
hasta el año siguiente. Me lo había jugado todo a una carta en
la preparación de aquélla maratón y aunque todo se fue al
traste en unas pocas horas, en aquel viaje tuve la oportunidad
de conocer, otras culturas, de visitar tres países y de
enamorarme de tres ciudades, cada cual más bella: Praga, Viena
y Budapest, por las que pasé días enteros en soledad con mis
pensamientos. ¿Por
qué te cuento todo esto? te preguntaras, pues porque la verdad
de la sierra de Albarracín no me llevé nada, ya que mis
pensamientos estaban muy lejos de allí. Por no llevarme no me
lleve ni fotos, pues me dejé mi cámara en el maletero del
coche. Eso sí, en esos parajes descubrí que la soledad es un
estado de ánimo, que no es lo mismo estar solo que sentirse
solo, pues en los tres días y 130 kilómetros que tuve que
recorrer para llegar al nacimiento del río tajo, no me crucé
con nadie y sin embargo siempre me sentía acompañado, algún día
volveré a esta sierra de Albarracín para buscar la belleza que
seguro encierra en su interior pero que yo no fui capaz de
encontrar. |